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TORTURA ODONTOLÓGICA (II)

Archivado en Protector del Universo • Fecha: 21-05-2005 12:53:55

CAPÍTULO II: LA DERROTA DE UN PROTECTOR

Nuevamente el Protector se dirigía a la consulta, en un viernes soleado y con un ambiente de tranquilidad. Hasta ahora no se había producido ninguna sorpresa, hasta ahora todo había estado tranquilo. Hasta ahora.

Como odio el olor de la consulta, es horroroso y encima te hacen pasar a una salita donde debes esperar, es como si supieras que te van a encular pero el enculador decidiera hacerte esperar, para que recapacitaras y tuvieras tiempo de darte cuenta del dolor que se avecina.

Por fin me llegó el turno, subí al cuarto de las torturas, donde la silla del diablo me esperaba impaciente junto a Torturatorix, cuando la vi: la Enfermerixa estaba allí, manejando las herramientas del dolor, las herramientas reservadas tan solo a los dentistas.

¡Qué estúpido había sido! Entonces, justo en ese momento, entendí mi error.

Mi egocentrismo me cegó por completo cuando deduje y acerté sobre el hecho que la Enfermerixa libraba los viernes. No me percaté de algo tan simple y sencillo como el hecho de que si ella es quien decide los turnos, también es quien puede cambiarlos. Y la japuta se había cambiado el turno para estar ese viernes.

Torturatorix: Buenas tardes Cervecerix
Cervecerix: ñaa, nas...
Torturatorix: Hoy no te pondremos anestesia.


Ni falta que hace macho, con la destructora esta por aquí sobándome creo que el bromuro sería mejor opción.

La historia se repetía. Yo indefenso al no poder hablar, el sádico Torturatorix disfrutando con mis cuatro dientes y la Enfermerixa restregándose cada vez más. Si seguía así al final conseguiría sacarme brillo. Y yo nuevamente maldiciendo la reputa madre que reparió a todas las jodidas cremalleras habidas y por haber de los tejanos.

Pero esta vez fue demasiado lejos. Hubo un momento en el que Torturatorix dejó un par o dos de las fundas que me debía poner encima de mi pecho, no te muevas ¿eh? Me dijo. Y yo que temblaba como un flan, ahí haciendo malabarismos para que no se cayeran las malditas fundas al suelo, ¿es que no había otro sitio donde dejarlas? Claro que sí, pero de esta forma, ya que no me hacía daño, por lo menos me puteaba un poco.

El tema es que yo me encontraba medio paralizado, tumbado en la silla maldita y mirando al techo cuando Torturatorix salió un momento buscar vete a saber qué. Y entonces la Enfermerixa empezó a pasar por detrás de mí, de un lado al otro, y cada vez que se desplazaba me restregaba por mi cabeza su..., bueno... ¿cómo decirlo?... su tesoro, ese que tienen entre las patas y nos convierte a todos en piratas.

Aquello fue demasiado.

Torturatorix volvió (para mi que se fue a mear y espero que se sacara esos guantes con los que me manoseaba la boca mientras meó) y me puso las fundas. Aquello había terminado. Se despidió y una vez más me indicó que la Enfermerixa me daría hora para el próximo día.

Había llegado la hora, era el momento idóneo, la Enfermerixa y yo estábamos solos: debía enfrentarme a ella y estaba dispuesto a hacerlo. Le iba a cantar las cuarenta. Se va enterar de con quién esta jugando. Jugó con el Protector equivocado y se lo iba a decir sin tapujos y sin embudos.

Enfermerixa: ¿Te va bien el próximo viernes a las siete?
Cervercerix: Perfecto, por cierto, ¿te importa que hablemos un momento?
Enfermerixa: Claro que no, dime...


Era el momento, debía buscar las palabras apropiadas, contundes pero sin llegar a faltar al respeto, debía dejar muy claro que aquello no podía seguir y dejárselo de una forma aplastante:

Cervecerix: ¿Te gustaría salir a cenar algún día conmigo?

¿¡PE... PE... PERO...!? ¿¿¡PERO QUÉ COÑO ESTOY DICIÉNDOLE!??

Enfermerixa: Ah... ¿y dónde has pensado ir a cenar?

Ahora mismo rectifico y le canto las cuarenta sin tapujos.

Cervecerix: Conozco un restaurante italiano donde hacen la que es para mi la mejor pasta de toda la ciudad.

¡¡¡ME CAGO EN TODO!! ¿¡QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO AQUÍ!? Y entonces me vi a mi mismo; estaba medio apoyado en la pared, con una mano en el bolsillo y una postura ridículamente chulesca... aquí esta pasando algo muy, pero que muy raro.

Enfermerixa: Mañana libro, si te parece nos vemos aquí a eso de las ocho.
Cervecerix: Perfecto, nos vemos mañana pues.


Me rindo. No entiendo qué está pasándome, ¿Por qué estoy diciendo algo que va en contra de mis instintos y de mi naturaleza como Protector? Necesitaba tomarme una cerveza y aclarar con calma lo que acababa de pasar, pagué, salí de allí y me fui al bar cagando leches.

Por fin un ambiente no hostil, por fin dentro del bar, me acerqué a la camarera para pedirle mi birra y relajarme un poco.

Cervercerix: Hola preciosa, ¿qué tal? Parece que hoy no te agobian mucho con el trabajo ¿verdad?


¡¡JODER!! ¡¡OTRA VEZ NO!!

Talegarixa: Hola Cervecerix, qué contento pareces hoy, ¿todo bien?
Cervecerix: Todo perfecto, ahora que te he visto me siento mucho mejor.


¡¡LA PUTA!! ¿¡ES QUE ME HE VUELTO LOCO!?

Talegarixa: Gracias hombre, ¿te pongo una cerveza?

Aquello fue demasiado, la máxima humillación, ella tuvo tiempo de ofrecerme la birra antes de que yo la pidiese; llegar y no pedir no es propio de mi. Y mucho menos decir las chorradas que dije. Decidí no abrir más la boca y simplemente afirmé con la cabeza. Justo mientras afirmaba me di cuenta que tenía una sonrisa de gilipollas en la cara que era demasiado.

El poder Efecto Teaburroquetecagas parecía haberse esfumado, necesitaba tomarme la birra, potenciar el Efecto Alcoholix. Máxima prioridad. En menos de media hora me tomé tres birras y conseguí algo de relajación. Empecé a recapacitar. Una cosa es que mi primer poder falle, pero aquello iba mucho más allá, era como si alguien hubiese conseguido dominarme, hacerme decir y actuar a voluntad.

Fue entonces cuando lo sentí. El mayor temor de todos los protectores se había hecho realidad, sabía perfectamente qué era eso. Lo sabía. Se trataba del Poder Blanco y tan solo hay un ser en todo el planeta capaz de dominar y canalizar toda la energía y fuerza de ese poder para volverlo contra mi: el Calvo.

Sí amigos, mi más preciada pertenencia se convertía en el peor de mis enemigos.

Una vez más me había vuelto a relajar demasiado, había estado pendiente de mis poderes y olvidado entrenar mis puntos débiles. Los Protectores somos plenamente conscientes del potencial del Poder Blanco, justamente por eso realizamos frecuentemente un ejercicio para inutilizarlo. Un ejercicio que los Protectores denominamos cariñosamente como el Juego de escupe o te estrangulo. Y yo lo había descuidado demasiado.

¿Qué hacer? ¿Cómo luchar contra el Calvo? Aquellos de vosotros a los que se les haya pasado por la cabeza la palabra CASTRACIÓN ya os podéis poner ahora mismo en fila e iros a la mierda. Hay sacrificios que no estoy dispuesto a hacer ni tan siquiera por la protección del Universo.

Primera gran derrota del Protector. ¿Qué hará cuando salga a cenar con la Enfermerixa? ¿Cómo anulará el temido Poder Blanco? Próximo capítulo y final: CAPÍTULO III: AMOR TIERNÓN.

Escrito por Cervecerix
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Comentarios

  1. Por cierto, la frase de "Escupe o te estrangulo" ha sido una aportacion de mi amigo Maquetarix. ¡Desde aquí mi más sincero agradecimiento por tu granito de arena Maquetarix!

    Cervecerix — 21-05-2005 13:13:36

  2. Te la pinzaste............

    Guti — 21-05-2005 13:52:56

  3. Granito de arena el que se ha colado en los engranajes de tu cerebro, macho.... que te pasa en la cabeza?????

    Quizá la Enfermerixa poseía en su colonia alguna particula del veneno tibunonix, temido por todos los protectores por acentuar el poder blanco...

    La has cagado tio...

    Maquetarix — 23-05-2005 18:18:37

  4. EDIT: quería decir tiburonix

    Maquetarix — 23-05-2005 18:20:50

  5. Sabes de sobra que la derrotaré. De lo contrario no habría capiítulo III ;) Ahora adivina cómo tibu.

    Cervercerix — 23-05-2005 21:29:54


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