Hace años, cuando empezaba a aficionarme a la lectura, tuve en mis manos un libro de un tal Juan Farias. En él había este cuento. Lo voy a relatar de memoria, seguro que no serán las mismas palabras, seguro que no estará tan bien escrito, seguro que olvidaré algunas partes. Pero sobre todo: seguro que el final y el mensaje seguirán siendo el mismo. Ahí va:
“Hace muchos, muchos años, en la antigua China, un niño jugaba con su cometa a la vez que con el viento. El niño era feliz, se sentía tan bien que quiso compartir su alegría con el ser más querido: papá. Fue corriendo a casa y entró dando voces, lleno de vida, buscando a su padre para que saliera a jugar con él; con él y la cometa; con él, la cometa y el viento.
Pero su padre, cansado del día a día, de trabajar sin parar, no estaba para juegos y le espetó a su hijo:
- ¿¡¡Quieres dejar de gritar!!? ¿¡¡No ves que estoy muy cansado!!? Vete a jugar fuera y déjame dormir un poco.
Y el niño salió de nuevo al jardín, pero esta vez muy triste. Tan triste que ni siquiera quiso seguir jugando con su cometa, se sentó en un rincón donde nadie le pudiera ver y lloró en silencio.
Aquello no le gustó nada al Dios del Viento, enfurecido por la reacción del padre decidió hablar con el Dios del Tiempo, que es largo, que ni tiene principio ni fin. Y entre los dos decidieron dar un castigo ejemplar a semejante padre. Fueron a hablar con el Dios del Sueño, que ronronea y siempre se gira sobre sí mismo. Los tres urdieron un plan, lo llevaron a cabo y dejaron a su padre dormido durante años. Muchos años.
Hasta que un día, decidieron que el castigo había llegado a su fin y enviaron una enorme avispa de varios colores a que se posara sobre su nariz y con el aleteo de sus alas le despertara.
Y entonces, el padre al abrir los ojos, se encontró con un desconocido anciano sentado en una silla adjunta a donde él estaba:
- ¿Quién eres tú y que haces en mi casa?
- Yo soy tu hijo –contestó el anciano- He crecido sin que jugaras conmigo y he tenido hijos que crecieron sin jugar contigo.
Dicho esto, el anciano cogió las manos de su padre entre las suyas y le preguntó con todo el cariño que aún no había recibido:
- ¿Has dormido bien papá?
Gambito de Dama — 27-05-2005 20:40:39
Cervecerix — 27-05-2005 21:41:25
Gambito de Dama — 28-05-2005 09:52:54
Cervecerix — 28-05-2005 11:32:59
maite — 30-05-2005 16:10:51
Cervecerix — 30-05-2005 17:09:43