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LA LARGA SIESTA DE PAPÁ

Archivado en Cuentos, citas y fragmentos • Fecha: 26-05-2005 00:26:14

Hace años, cuando empezaba a aficionarme a la lectura, tuve en mis manos un libro de un tal Juan Farias. En él había este cuento. Lo voy a relatar de memoria, seguro que no serán las mismas palabras, seguro que no estará tan bien escrito, seguro que olvidaré algunas partes. Pero sobre todo: seguro que el final y el mensaje seguirán siendo el mismo. Ahí va:

“Hace muchos, muchos años, en la antigua China, un niño jugaba con su cometa a la vez que con el viento. El niño era feliz, se sentía tan bien que quiso compartir su alegría con el ser más querido: papá. Fue corriendo a casa y entró dando voces, lleno de vida, buscando a su padre para que saliera a jugar con él; con él y la cometa; con él, la cometa y el viento.

Pero su padre, cansado del día a día, de trabajar sin parar, no estaba para juegos y le espetó a su hijo:

- ¿¡¡Quieres dejar de gritar!!? ¿¡¡No ves que estoy muy cansado!!? Vete a jugar fuera y déjame dormir un poco.

Y el niño salió de nuevo al jardín, pero esta vez muy triste. Tan triste que ni siquiera quiso seguir jugando con su cometa, se sentó en un rincón donde nadie le pudiera ver y lloró en silencio.

Aquello no le gustó nada al Dios del Viento, enfurecido por la reacción del padre decidió hablar con el Dios del Tiempo, que es largo, que ni tiene principio ni fin. Y entre los dos decidieron dar un castigo ejemplar a semejante padre. Fueron a hablar con el Dios del Sueño, que ronronea y siempre se gira sobre sí mismo. Los tres urdieron un plan, lo llevaron a cabo y dejaron a su padre dormido durante años. Muchos años.

Hasta que un día, decidieron que el castigo había llegado a su fin y enviaron una enorme avispa de varios colores a que se posara sobre su nariz y con el aleteo de sus alas le despertara.

Y entonces, el padre al abrir los ojos, se encontró con un desconocido anciano sentado en una silla adjunta a donde él estaba:

- ¿Quién eres tú y que haces en mi casa?
- Yo soy tu hijo –contestó el anciano- He crecido sin que jugaras conmigo y he tenido hijos que crecieron sin jugar contigo.


Dicho esto, el anciano cogió las manos de su padre entre las suyas y le preguntó con todo el cariño que aún no había recibido:

- ¿Has dormido bien papá?

Escrito por Cervecerix
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Comentarios

  1. Bonito cuento. Pero me he quedado con las ganas de saber si a continuación el padre le suelta... "ah, genial, ¿pero dónde está tu madre y qué ha hecho para cenar?"

    Gambito de Dama — 27-05-2005 20:40:39

  2. Ja ja, no lo sé, el cuento no es mío.

    Por cierto, tengo un colega que siempre juega con el gambito de dama... a mi que me gusta usar la Caro Khan...

    Cervecerix — 27-05-2005 21:41:25

  3. ¿Caro Khan? Pero si con eso sólo aspiras a las tablas... y en el ajedrez, como en el fútbol, como en la vida, si aspiras a las tablas acabas perdiendo (de hecho, saliendo a ganar a veces también pierdes, pues saliendo a empatar ya ni te cuento).

    Gambito de Dama — 28-05-2005 09:52:54

  4. ¿A empatar? Hombre, pues sí, pero para mi con la Caro Khan sales a esperar el fallo del otro. Siguiendo tu paralelismo con el fútbol, para mi es como un planteamiento italiano: espera, defiende y cuando puedas, matalo en un contraataque.

    Cervecerix — 28-05-2005 11:32:59

  5. mientras el padre dormía la madre coleccionaba elefantes e intentaba descifrar el enigmático mundo de las matemáticas sin que nadie entendiera su rara afición, la cena la traía la abuela que poseía el estraño don de adivinar el futuro a través de los sueños y cuando la abuela no cocinaba porque estaba ocupada adivinando sueños de algún pintoresco personaje, el niño de la cometa y el niño músico cenaban indescriptibles platos que tenían su límite en las tortillas de patatas, se acercaban a ellas por la derecha, por la izquierda peropor desgracia para el niño de la cometa justo en la 'tortilla de patatas' había una insolente dicontinuidad.

    maite — 30-05-2005 16:10:51

  6. Hasta que el niño de la cometa se hizo mayor y descubrió que 'e' elevado a 'i' por pi era igual a menos uno y decidió indagar en el profundo mundo de las matemáticas abandonando así la cometa a su suerte. A todo esto, mientras la madre coleccionaba elefantes y resolvía integrales a la vez la abuela adivinaba el futuro en los sueños, el abuelo corría por casa pegando tiros con una escopeta de feria y el perro peleaba contra un cubo negro que pretendia dominar a la familia.

    Cervecerix — 30-05-2005 17:09:43


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