Mi amigo Gasafondix me hizo el gran favor de llevarme hasta el aeropuerto, la verdad que fue un alivio ir con alguien que sabe moverse y conoce los misterios y secretos de estos extraños lugares donde siempre, siempre, siempre hay humanos a montones, donde hay miles de puertas y miles de opciones... En fin, que su compañía me resultó de gran ayuda. Gracias Gasafondix.
Poco después, él cogía su coche y yo mi avión.
A mi esto de viajar nunca me ha hecho mucha gracia, menos aún si he de subirme a un avión donde me aparece una azafata contándome cómo funciona el chaleco salvavidas. ¿Chaleco salvavidas? ¡¡Déjate de chorradas!! ¡¡Dime dónde está mi paracaídas y cómo funciona!! Y mientras tú piensas en esto, justo después de explicarte el funcionamiento del mencionado chaleco, te indica dónde están las salidas de emergencia... ¿pa qué? ¿pa saltar al vacío con un chaleco salvavidas? Yo no me lo acabo de imaginar, decenas de personas saltando desde el cielo a la vez que hinchan el chaleco... es ridículo... ¡¡que caiga en el mar!! ¡¡que caiga en el mar, por favor Dios, en el mar que llevo el chaleco!! Sí, en la famosa playa artificial de Madrid vas a caer...
Bien, dejemos esto que me estoy desviando. Yo cogía el avión de las narices esperándome encontrar un avión como los que usaba cuando iba (años ha) a The Madrix para visitar a la Putaparanoicadixa; menudo acojone el mío cuando vi que eso más que un avión parecía el autobús del incerso con alas. Cutre, pequeño, bajito... me senté muerto de miedo: ¿Con esto tengo que cruzarme la Península? Vamos bien... ¿¡¡¡Dónde está mi chaleco salvavidas!!!?
Y encima no podía fumar. Todo el viaje sin fumar. Sin fumar. Fumar. Tabaco. Cigarrillos. Pitis. Cilindrines. Cancerígenos... No podía quitármelos de la cabeza.
Finalmente el avión despegó.
A los quince minutos empecé a sudar, se me fueron hinchando los ojos hasta pasar de ovalados a rectangulares. Yo aguantaba el mono cómo buenamente podía.
A los treinta minutos me empezó a salir sangre de las orejas y de la nariz. Las azafatas me traían algodoncitos y mierdas... Yo les decía que necesitaba un cigarrito, una sola caladita... No pude convencerlas y siguieron con los estúpidos e inútiles algodones.
A los cuarenta y cinco minutos sacaba espuma por la boca y mordía a cualquiera que osara acercárseme.
A la hora, perdí completamente el control, arranqué una de las cutres cortinitas que habían, la doblé bien doblada e introduje una de las puntas en mi boca mientras que encendía la otra punta y pegaba una buena calada. Sabía a horrores, pero era mejor que nada. Al mismo tiempo que realizaba todo esto, iba moviéndome y corriendo, a la vez que saltando entre la gente, para impedir que las azafatas me inmovilizaran.
Me fumé media cortina antes de que consiguieran reducirme (sabía a negro, pero al final no estaba tan mal). Al poco rato llegábamos a Badajoz.
Bajé de allí corriendo directo al bar, a comprar un paquete de tabaco y fumarme, como mínimo dos a la vez en paralelo y un tercero de forma secuencial con los dos primeros, cuando oí una voz de hombre que me decía ¿Perdona, vas a Badajoz? Me giré y encontré a un auténtico desconocido ¿Qué quería este tío?
Cervecerix: Sí, voy a Badajoz, no he cogido este vuelo por gusto precisamente...
El mono me estaba convirtiendo en un capullo desagradable, debía terminar cuanto antes la conversación e ir a por tabaco.
Desconocidix: Es que este avión no te deja en Badajoz, te deja concretamente en el pueblo VeteASaberTuQueNombreRaroDePuebloMeDijo y desde aquí hay que coger un taxi hasta Badajoz.
Cervecerix: Pues no lo sabía, pero ya contaba con que tendría que coger un taxi, pero gracias por la información.
Me giré para irme cuando el tío, ignorando por completo mi lenguaje corporal con el que le decía háblale a otro, me dijo:
Desconocidix: Podemos coger el taxi juntos y así nos sale a mitad de precio a cada uno.
Con el mono que tenía lo último que me faltaba era un desconocido, con media melena, barba de filósofo fracasado y bambas sucias y llenas de mierda haciéndome proposiciones chorras. Snake voló por encima de todo, saltando cualquier obstáculo y dominándome por completo:
Cervecerix: ¡¡Uy sí!! ¡¡Y luego me invitas a cenar y me enseñas los sitios de marcha del lugar!! No gracias, el taxi me lo paga la empresa. No necesito compartir.
Y me fui al bar. Eran mis primeros minutos en Badajoz y la cosa no pintaba nada, pero que nada bien.
Gambito de Dama — 07-07-2005 16:30:09
Cervecerix — 07-07-2005 17:43:39
Vandit — 08-07-2005 09:26:48
Cervecerix — 08-07-2005 15:11:16
tututu — 21-11-2005 01:02:45
Cervecerix — 21-11-2005 20:56:30