Capítulo III: THE MADRIX REVOLUTIONS
Un abatido Cervecerix voló a Barcelorum, dejando atrás una persona querida pero que le había repudiado, dejando atrás a un montón de recuerdos y sentimientos. Un abatido Cervecerix volvía a casa.
Hundido y desolado llegaba a mi casa después del fatal fin de semana vivido. En momentos así lo único que uno puede hacer es refugiarse en los amigos. Especialmente en los más cercanos. En mi caso: Tecnocratix, Beatlemanix y Repartopatadix. Hacía tiempo que nos conocíamos y nos auto denominábamos ‘la familia’.
Bajo el amparo de su compañía, refugiado en nuestras conversaciones (me encantaba jugar a ser ‘el abogado del diablo’ y defender ideas en las que no creía) y alimentado de nuestras risas, logré superar el bache y seguir con mi vida.
Recuerdo con especial cariño una tarde en la que estábamos varios en un bar charlando y riendo cuando llegó Beatlemanix con un aire muy serio. ¿Beatlemanix pensativo? ¿El más coñón y ‘foteta’ de todos nosotros hundido en algún pensamiento profundo? Todos enmudecimos mientras él se sentaba en la mesa y permanecía con la vista perdida.
No pude evitar preguntar.
Cervecerix: ¿Qué te pasa Pisha? (Pisha era, y lo sigue siendo, su apodo)
Beatlemanix: Estaba paseando por la plaza Catalunya y ahí hay muchas palomas...
Cervecerix: Sí, ¿y qué?
Beatlemanix: Pues que he caído en la cuenta de que nunca he visto una paloma pequeña, una paloma cría. Todas son ya mayores ¿Alguien ha visto alguna vez una paloma pequeña?
Estalló la risa, su aparente preocupación no era más que otro de sus razonamientos absurdos y divertidos con los que tantas horas solíamos pasar buscando respuestas y explicaciones, a cada cual más ridícula. Cuanto más burro y sin sentido era el argumento más credibilidad le otorgábamos.
Después de toda la tarde hablando del tema llegamos a la conclusión de que las palomas siempre han estado ahí, ni mueren, ni crecen, ni son pequeñas ni nada: siempre, siempre, siempre, han estado ahí.
Uno dijo que nunca hemos visto ‘cachorros’ de palomas porque de pequeñas están en el nido y luego crecen muy deprisa para abandonar finalmente dicho nido. Lo descartamos automáticamente amparados en el sabio razonamiento de que esa explicación no era nada divertida. Además, quien defendía tal idea era un tío al que todos conocíamos como el Ronchi Ponchi. Con semejante apodo ¿qué credibilidad podía tener?
Y así, con conversaciones absurdas y razonamientos completamente fuera de lugar, conseguí, poco a poco, recuperar la alegría y seguir viviendo con ilusión.
Hasta que pasó. Hasta que llegó.
Yo, después de clase, me fui a la academia de mi madre, cogí a mi grupo de niños y entramos en una pequeña salita para repasar la lección de mates de turno. Así, felizmente y rodeado de la vitalidad de los chavales de trece años, estaba yo cuando apareció por la puerta la Putaparanoicadixa. ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿Por qué había venido desde The Madrix hasta Barcelorum? Un escalofrío recorrió mi espalda.
Les puse un problema y salí escopetado para ver qué narices ocurría. Hablamos un rato, manteniendo siempre las formas, me contó que se hartó de The Madrix y que había dejado el trabajo para venir a Barcelorum. Me contó que echaba de menos ver el mar. Obviamente fui cordial, le di la bienvenida y le deseé lo mejor, acto seguido volví con mis niños y la dejé charlando con mi madre.
Poco después, ella interrumpía mi clase abriendo la puerta y quedándose de pie frente a todos nosotros.
Cervecerix: ¿Qué pasa?
Putaparanoicadixa: Nada, que me voy ya... iré al Jaipercor a comprarme un bikini, ¿alguien me quiere acompañar?
Yo me giré de inmediato, para ver si alguien la quería acompañar, pero claro, eran chavales de trece años, ninguno de ellos sabía qué estaba pasando. Volví a girarme y contesté:
Cervecerix: Es que ahora tienen clase.
Pude ver el odio en sus ojos. Y me gustó. Ella me había hecho daño a mi y yo ahora le devolvía un poquito de ese dolor. ¿Por qué? Sweety y Champ no son así, Sweety en seguida habría sido cortés, habría pedido disculpas y propuesto de quedar otro día mientras que Champ se habría aliado con el Calvo e iría a por ella. ¿Por qué esa respuesta? Y lo que es más ¿Por qué me sentía tan bien a pesar de haber contestado como un auténtico capullo?
Snake. Esa era la respuesta. Después de lo pasado Snake empezó a crecer, a madurar, Snake salía a la luz. Y me gustaba. Me gustaba mucho. Snake y yo íbamos a llevarnos bien.
Pero Snake aún era demasiado inexperto. Salió con fuerza pero sin disciplina ni conocimiento. Salió para atacar, igual que un joven de dieciocho años, Snake salió creyéndose invencible y eso le hizo perder. Poco tiempo después de lo ocurrido, la Putaparanoicadixa y yo volvíamos a ser pareja, volvíamos a estar juntos y las nubes olían otra vez a felicidad.
Sin embargo el tiempo pasa factura, y no es lo mismo una relación en la que te ves con tu pareja fin de semana sí, fin de semana no, que cuando vives con ella y te pasas día sí y día también a su lado. La cosa empezó a deteriorarse. Y finalmente, y para mi sorpresa, fui yo quien dijo ‘basta’. Se acabó.
Aquello fue un auténtico combate dialéctico que de sobras me ganó. Ella tenía toda la razón del mundo, pero ni con eso se pueden dominar los sentimientos, yo no quería seguir y aunque sabía que estaba siendo injusto más injusto me parecía seguir simplemente porque ella tenía razón. Ya no era feliz a su lado. Seguir hubiese sido engañar.
Pero la cosa no acabó ahí. Yo volví a mi vida de soltero, a salir por las noches y a pegarme mis juergas con los colegas, pero cada viernes y cada sábado, cuando volvía taja perdío me encontraba un mensaje de ella: llámame sea la hora que sea, quiero hablar contigo. Y cada noche la llamaba, me decía pásate por casa que tenemos que hablar y yo me pasaba. ¿Y qué me encontraba? La encontraba a ella, con un camisón que dejaba paso a adivinar todo lo que hay debajo. A pesar de todo, seguía siendo, a mis ojos, una preciosidad. Nos tirábamos horas hablando, ella quería volver, yo no quería hacer más daño del ya hecho y el Calvo... bueno, supongo que no hace falta decir lo que quería el Calvo.
Para mi propia sorpresa, aguanté todas las embestidas y todas sus artimañas con el fin de que volviéramos a ser pareja. Y todo pareció olvidarse en un recuerdo, un muy buen recuerdo en esos momentos.
No fue así.
Un buen día, mientras yo miraba una pelí en casa oí como me llamaban por el interfono, era ella, quería ir al cine y que yo fuera con ella. Me negué. La última vez que fuimos al cine juntos acabamos liados otra vez. No podía permitir que la historia se repitiera (y no la de liarnos, sino la de volver a dejarlo).
Y entonces sucedió:
Putaparanoicadixa: Pues tú verás lo que haces...
Cervecerix: Mujer, simplemente no apetece ir al cine, estoy cansado y quiero quedarme en casa.
Putaparanoicadixa: No lo digo por eso, pero bueno, a ti seguro que no te importa.
Cervecerix: ¿No me importa el qué? No te entiendo.
Putaparanoicadixa: Te mentí,... NO ME HA VENIDO LA REGLA.
Pánico. Miedo. Terror. ¿Y ahora qué?
No tengo tiempo para escribir el desenlace (he quedado y me tengo que ir)... Si acaso ya haré un anexo sobre el capítulo III, explicando cómo acabó todo.
Ulldelcapix — 10-07-2005 16:40:55
Gasafondix — 11-07-2005 11:38:09
Cervecerix — 11-07-2005 21:49:25
Iván — 12-07-2005 23:37:49
Cervecerix — 12-07-2005 23:42:01
Gambito de Dama — 13-07-2005 19:58:15
Cervecerix — 13-07-2005 21:55:28