Un servidor inició su labor en la empresa Mecagoenelconventus como mecánico hace ya cerca de unos cinco años, los inicios fueron delicados dado mi desconocimiento de sus avanzadísimos y exclusivos motores, pero poco a poco, a base de paciencia y horas, estos motores dejaron de ser una incógnita y pude empezar a trabajar con bastante soltura.
Debo reconocer que los ingenieros nos daban bastante la paliza con ideas completamente descabelladas que intentábamos llevar a término a pesar de manifestar una y otra vez nuestro desacuerdo con dichas ideas.
Finalmente, después de horas, cafés, enfados y más horas, llegué a mecánico jefe.
Es obvio que cuando uno domina su trabajo lo más lógico y sensato es cambiarle de departamento, sin duda alguna, como recompensa al esfuerzo realizado en algo en lo que, por mucho tiempo que pase, siempre le servirá para nada.
El caso es que mi nuevo departamento era el de ventas, mantenimientos y quejas del cliente. En otras palabras: llegué a Ingeniero. Ni falta hace mencionar que había ascendido de forma notable, ahora tenía la sagrada y valiosa función de ponerle el recto a más de uno, y yo, consciente y trabajador que soy, me lo depilaba día a día a fin de satisfacer a los clientes más exigentes.
Sin embargo, en esto de los motores ocurre como con nuestro tan amado deporte rey: todos saben.
Los clientes empezaban a preguntar y cuestionar auténticos temas metafísicos sobre el funcionamiento y las capacidades de nuestros motores. Y un servidor, consciente de su ignorancia, se veía en la obligación de buscar apoyo en sus compañeros del departamento, compañeros mejor preparados y cuyo trabajo, a pesar de ser enormemente más complicado y difícil que el mío, a la vez que les requería un mayor cuidado (algo que minuto sí, minuto no, me recordaban) eran capaces de hacerlo en muchas menos horas de las que tardaba yo en realizar algo parecido pero, sin duda alguna, más sencillo. Lo que prueba, sin lugar a ningún tipo de duda, lo anteriormente dicho: estaban mucho mejor preparados.
El tiempo, no obstante, jugaba a mi favor, y poco a poco descubrí una de las técnicas que empleaban mis tan bien preparados compañeros: la técnica de la supresión interrogativa.
Me costó lo mío, pero llegué a dominarla. El tema es que cuando yo recibía una consulta del cliente, tipo ¿El motor lleva el aturburador bifacial debajo del depósito de la fisioinyección paranoidal para mejorar el rendimiento del refusionador popléjico? y lo consultaba con mis compañeros, ellos me contestaban, con gran soberbia y profesionalidad: Mira Cervecerix, a estas alturas ya deberías saber que si el motor lleva el aturburador bifacial debajo del depósito de la fisioinyección paranoidal es para mejorar el rendimiento del refusionador popléjico.
Después de un par o dos de preguntas así, con sus más que sabias respuestas correspondientes; uno descubre esta tan delicada y soberbia técnica: responder lo preguntado pero suprimiendo los interrogantes. Es lo que vulgarmente se conoce como ‘el cliente siempre tiene la razón’.
Sin embargo, los mecánicos (que no saben hacer otra cosa que quejarse) siempre nos decían que esto no era así, que aquello era un error, que habíamos dicho una barbaridad... etc. Estos mecánicos son capaces de decir cualquier cosa con tal de no trabajar ¿qué más les da poner el aturburador bifacial en un sitio u otro? Además, poniéndolo debajo del mencionado depósito mejorábamos el rendimiento del refusionador.
Nada, no había manera, no querían admitir que nosotros sabíamos más que ellos. Venían con sus tecnicismos de la portabilidad, la reutilización de piezas, etc.; pero luego, a la hora de la verdad, no eran capaces de poner una cosa aquí y otra allí, unos cambios que de bien seguro nos reportarían una gran mejora.
Y es que ser Ingeniero es un trabajo muy duro.
Gambito de Dama — 28-07-2005 13:34:43
Cervecerix — 28-07-2005 15:32:35
Guti — 31-07-2005 19:12:22
Cervecerix — 31-07-2005 23:22:45
funny ringtones — 09-07-2006 21:15:12