Estoy en casa.
Cojo una cerveza de la nevera y me siento frente la pantalla. Al depositar la lata sobre la mesa veo las marcas circulares de anteriores birras que dejé en su día al lado del PC mientras escribía e iba bebiendo poco a poco.
Debería limpiar esto y debería hacerlo a diario.
Quiero empezar a escribir pero las palabras no cogen orden alguno en mi mente, frases sueltas se van repitiendo a medida que yo busco una historia donde tengan un lugar. Nada. Estoy… ¿En blanco? No, hay un montón de información en mi cabeza; el problema es que no consigo organizarla. Estoy… ¿Saturado? Tampoco; he tenido miles de pensamientos rondando por mi cabeza en otras ocasiones, más que ahora.
No sabría decir cómo estoy.
Dejo el ordenador y me siento en el suelo, sé de sobras que en cuanto mi perro me vea sentado en la moqueta vendrá corriendo: sabe que jugaré con él. Y así es, al poco estoy lanzándole el muñeco y él corriendo a ‘cazarlo’.
Al final me levanto, me acabo la cerveza y dejo a mi perro jugando con su muñeco. Lo mueve de un lado a otro, le está pegando una auténtica paliza. Suelo decir que juega con él; pero lo que realmente está haciendo es desnucarle.
Este pensamiento desata en mi mente una duda: ¿Necesito matar? Tanto tiempo civilizándonos, tanto tiempo pensando y racionalizándolo todo… ¿Necesito matar? Ni siquiera conozco mis propios instintos, soy el fruto de años de civilizaciones, soy el fruto de los pensamientos de otros.
¿Necesito matar?
La pregunta se repite una y otra vez en mi mente. Al poco rato mi perro ya ha vencido en su particular batalla: el muñeco yace inerte y babeado en el suelo.
Entonces lo veo claro. No necesito matar. Lo que necesito es un muñeco, un saco al que golpear. Como mi perro.
Pd: Y solo es el tercer día que llevo sin fumar.
mysstika — 31-08-2005 20:49:35
Rosi — 31-08-2005 21:22:18
Cervecerix — 31-08-2005 22:48:57
ridgarou — 01-09-2005 08:20:17