Capítulo II: EL NÚMERO DE LA BESTIA
Poco imagina Cervecerix que esta vez deberá enfrentarse a su lado más humano. Poco imagina que la Destructora no ha iniciado un simple ataque, poco imagina que esta vez no le valdrán sus poderes. Hoy Cervecerix descubrirá que este ataque es un ataque psicológico cuyo único objetivo es desestabilizarle.
Ahí estaba. Nunca me lo creí, había oído historias, rumores, leyendas y hasta anuncios, pero nunca les di crédito.
Cuando la Franchutenixa me asaltó, vi que llevaba una cerveza en la mano, y ¿qué queréis qué os diga? Pues me hizo gracia, me cayó un ‘poquito’ bien. Sin embargo, ahora, al fijarme bien he visto que tan solo era un ardid.
En la etiqueta de esa ‘cerveza’ lucía, impunemente y en números bien grandes, lo peor de lo peor. El número de la Bestia: 0,0.
La Anti-Cerveza existía. Y se encontraba entre nosotros. La Gran Cerveza nos coja a todos confesados.
La Franchutenixa seguía hablando y hablando pero yo no podía quitarme de la cabeza el número maldito. CERO CERO, CERO CERO, CERO CERO...
Una y otra vez se repetía. Era como estar otra vez en el ‘cole’.
Me sentía como un niño pequeño solo y asustado, buscando a sus padres para refugiarse bajo una caricia acompañada de alguna frase de ánimo, de paz, de tranquilidad. Pero estaba solo.
Sin embargo, la capacidad que tienen las destructoras de hablar y hablar, les ciega completamente de poder ver si las están o no escuchando y la machacada que me pegaba la Franchutenixa estaba siendo realmente increíble. Más que una mujer, parecía una metralleta que en lugar de escupir balas escupía palabras. Tan harto estaba ya de que tanta verborrea no me dejara pensar en todo lo sucedido (el número de la bestia y la caricia en la barriga) que en cuanto vi la posibilidad de quitármela de encima ni tan siquiera pensé en el precio a pagar por ello.
Franchutenixa: At eigth o clock?
Cervecerix: Ye ye, at o clock.
Me entregó un papelito con su dirección. Acababa de aceptar ir a cenar con ella. Quitármela ahora de encima podía implicarme pagar un precio muy alto después.
Solo me quedé en la barra del bar. Debía pensar, meditar, ¿qué nuevo ataque, maquiavélico y rebuscado, había planeado esta vez la Destructora? ¿por qué le había hecho gracia mi peluda barriga a su secuaz? ¿qué pasará si la anti-cerveza se populariza y acaba por dominar a toda la humanidad? ¿cómo puedo luchar contra el número maldito?
En todo esto estaba pensando yo, cuando me ocurrió algo que empieza a ser habitual en mi vida y que no me gusta nada de nada: el camarero se me puso a hablar. Me pregunto yo si existirá algo parecido al síndrome de Estocolmo entre los camareros y los clientes habituales.
Camaretix: Menudo solazo que tenemos hoy ¿verdad?
Joder, y encima el tío es original de cojones, ¿Ahora tengo que ponerme a hablar del tiempo con un completo desconocido? Yo tan solo quiero tomarme mi cerveza y aclararme un poco las ideas. Acabo de ser víctima de un tremendo ‘shock’ y ¿ me pondré a hablar del ‘solazo que tenemos hoy’?
Cervecerix: Sí, pero ya nos tocaba después del chaparrón de ayer, pienso yo.
Aquí, sin saberlo, la cagué de lleno, ese ‘pienso’ le hizo gracia al camarero cincuentón que pretendía algo de charla. Ante mi sorpresa, el tío levantó un dedo y con una sonrisa de oreja a oreja, me espetó:
Camaretix: ¡¡Pienso, luego existo!!
Y yo, al más puro estilo manga, me caí del taburete.
Me levanté disimuladamente y volví a sentarme.
Camaretix: ¿Está usted bien, amigo?
Cervecerix: Sí, sí... ha sido una caída tonta.
El tío seguía ahí, quería charla y yo no estaba para conversaciones triviales. Debía quitarme a ese tío de encima como fuera. Entonces, una terrible idea vino a mi cabeza.
No me siento muy orgulloso de lo que hice, si pudiera volver atrás, no volvería a hacerlo; pero en ese momento, refugiado en ‘el fin justifica los medios’ decidí usar, por primera vez, mi poder Efecto Teaburroquetecagas contra un hombre.
Por primera vez, Cervecerix sacará a relucir en este blog su poder más básico. Tan solo usó un treinta por ciento de todo su potencial, pero aún así, debo avisaros: si notáis que una terrible sensación de largaros, de pasar olímpicamente, de ignorar lo que a continuación viene, por favor, saltaros la parrafada o simplemente, no sigáis leyendo. Cervecerix no se hace responsable de cualquier síntoma que pueda acarrearos su discurso.
Repasé la tabla del siete para calentar, últimamente no uso mucho el cerebro y no quería lesionarme. Luego cogí aire y me dispuse a aburrir a ese hombre con uno de mis temas favoritos: la filosofía.
Cervecerix: ‘Pienso, luego existo’, es curioso como llegó Descartes a esta conclusión. La verdad que ‘la duda metódica’ me pareció un muy buen método: lo ponemos todo en duda y si hay algo de lo que no se pueda dudar, por más que lo intentemos, es que estamos ante una verdad irrefutable.
Y eso fue lo que hizo Descartes, dudar de todo, absolutamente de todo; pero por más que dudara había una cosa, una única cosa, de la que no podía dudar, y es que cuánto más dudaba de ello más cierto era. Descartes no podía dudar de que estaba dudando. Así pues, Descartes encontró su verdad irrefutable: él existía como algo que duda; aunque claro, supongo yo que decir ‘Dudo, luego existo’ no le sonaba muy bien y por eso cambió el ‘Dudo’ por el ‘Pienso’, ya que a fin de cuentas, para dudar hay que pensar.
Por cierto ¿sabía usted que antes de Descartes hubo un cura que demostraba su existencia a través del pecado? Este cura solía decir: ‘Peco, luego existo’.
Uno podría pensar que Descartes le copió vilmente la expresión, y que lo que realmente cambió no fue el ‘Dudo’ que comentábamos antes sino el ‘Peco’ de este buen hombre, pero claro, si aceptamos la conciencia social que establece Jung también podríamos pensar que a Descartes se le ocurrió esta frase solo porque a otro ya se le había ocurrido y al formar parte todos de esta conciencia social a Descartes le resultó más sencillo llegar a formular dicha frase.
Sin embargo, esta conciencia social, vista así, puede ser muy peligrosa, ¿se imagina cómo repercutiría en todos los seres humanos descubrir que sus pensamientos no son suyos? ¿qué lo que piensan que es su ‘forma de ver las cosas’ no es más que ‘la forma de ver las cosas’ de otros grandes pensadores? En fin, no nos desviemos del tema, estábamos con Descartes ¿verdad?
Como le he dicho, la ‘duda metódica’ me pareció un muy buen método, y al principio, la verdad de Descartes me resultó irrefutable, hasta que llegó Hume. Debo reconocer que estos ingleses son la ostia. ¿Qué todo el mundo conduce por su derecha? Pues ellos por su izquierda. Algo parecido ocurrió con la filosofía, ¿qué están de moda los racionalistas? Pues ellos van, y nada de racionalismo: empirismo. La famosa ‘tabula rasa’ (aunque me parece recordar que esta expresión era de Aristóteles, una vez más volvemos a la duda que nos establece esa teoría de la conciencia social). ¿Qué todos los filósofos se cargan la teoría de su maestro para luego establecer la suya propia? Pues ellos no, a coger la teoría del maestro y a continuarla. Y eso fue lo que hizo Hume, continuar la teoría de Locke.
Pero, con Descartes, Hume fue más allá. ¿Así que has encontrado una verdad absoluta? ¿Y la has encontrado a través de la razón? Pues mira, me voy a cargar tu verdad y además lo voy a hacer con tus propias armas, debió pensar Hume. Y su razonamiento mandó a otra vida la verdad de Descartes y su ‘duda metódica’. Tan fácil como decir: este señor ha obtenido una verdad absoluta, ¿pero cómo? Pues dudando de todo, y si duda de todo, la base de su verdad también está en duda, así que si la base está en duda, la conclusión también. A tomar por culo el ‘pienso, luego existo’.
Finalmente paré, me hubiese gustado repasar a Heráclito, Nietzsche, Freud, Sartre y Camus, pero dado que era la primera vez que usaba este poder con un hombre preferí no correr riesgos innecesarios.
El tío seguía plantado ante mí, con ojos como platos me miraba alucinado. Estoy convencido de que si en ese momento alguien le da una colleja, los ojos le saltan al suelo. Realmente que los hombres son mucho más débiles que las destructoras. Una destructora a la segunda frase ya se hubiera largado, pero aquel pobre diablo no fue capaz ni de eso y ahora estaba ahí, ante mi, completamente paralizado.
Decidí sacarle de su ‘empane’, primero pensé en hablarle de fútbol y de mi amado Barça, pero luego vi que sería mejor para ambos hablarle de trabajo. Su trabajo.
Cervecerix: ¿Me pone otra cerveza, por favor?
El buen hombre despertó, me puso la cerveza e hizo lo que cualquier destructora hubiese hecho al poco de oírme hablar: huyó de mi. Por fin podía centrarme, tranquilamente, en lo que realmente me preocupaba: esa secuaz de la destructora.
Estaba claro que la Destructora había entrenado a su secuaz muy bien. En primer lugar la chica no habla mi idioma, lo que neutraliza mi poder Efecto Teaburroquetecagas y también, mi tan odiado poder, Efecto Ungrancorazón. Por otro lado estaba el temido número de la bestia, el número maldito. Y finalmente, mi barriga. ¿Por qué le hizo gracia? Estaba claro: la Destructora había cambiado las reglas del juego, y ahora, tener barriga resultaba atractivo para sus secuaces.
¿Qué hacer entonces? Debía bajar barriga, recuperar mis abdómenes de cuando tenía quince años. Pero ¿cómo? Hago ciento cincuenta abdominales cada tres días por semana, y diez flexiones cada mañana, y aun así no recupero mi estado físico óptimo. ¿Qué tengo que hacer para conseguirlo? ¿Cómo puedo bajar esta maldita barriga?
Régimen. Eso fue lo primero que pensé, pero por desgracia no era la solución. Yo como solo una vez al día y solo un plato. Vamos que como muy poco. No es la comida lo que me engorda, no puede ser que comiendo habitualmente un plato de verdura, o un bistec con patatas cuando me apetece darme un lujo, ahora coja y coma aún menos. Entonces, ¿qué hace que me salga barriga?
La verdad más clara y dura acudió a mi. Y cuando lo hizo, algo se rompió en mi interior.
Me marché cabizbajo del bar, subí a mi habitación y, sin encender la luz, me senté en el suelo apoyado por dos paredes de una esquina. Completamente a oscuras y con mis rodillas contra el pecho, me sujetaba las piernas, y una lágrima caía por mi mejilla. La verdad venía a mi mente en forma de pregunta porque no tenía valor para aceptarla como una afirmación.
¿Deberé dejar la cerveza?
¿Y ahora qué? Cervecerix siempre ha dependido de sus poderes, pero contra esto no hay poder que valga ¿realmente será capaz Cervecerix de dejar la birra? ¿o sucumbirá ante esta destructora? La respuesta el próximo cervezafindesemana, en el mismo cervezablog.
Dicho esto, tan solo me queda despedirme y desearles unas muy buenas cervezas.
mysstika — 10-09-2005 19:40:26
ridgarou — 10-09-2005 21:11:03
Gambito de Dama — 12-09-2005 09:15:16
ridgarou — 12-09-2005 16:13:05
Cervecerix — 12-09-2005 16:34:11
Saudade — 12-09-2005 17:03:29
MAYKIX — 12-09-2005 17:59:03
Cervecerix — 12-09-2005 18:42:30
Cervecerix — 13-09-2005 10:05:39