Sentado junto a un amigo me encontraba el otro día en el bar de siempre, charlando sobre temas tan banales e insignificantes como son la filosofía o la política ya que a mi amigo, el fútbol (tema de interés general y realmente importante en nuestra sociedad), no le gusta.
El caso es que después de arreglar el mundo, de encontrar por enésima vez el sentido de la vida, y de hallar las respuestas a las más famosas preguntas formuladas por el ser humano (ya sabéis, de dónde vengo, a dónde voy, etc.), pues bien, después de todo eso, nos ha surgido a ambos una gran duda: las patatas de bolsa.
En nuestros tiempos había las rojas y las amarillas. Punto. Ya está. Y si además eras tan lerdo, como yo, que nunca sabías si las que te gustaban eran unas u otras, te quedaba un recurso: las onduladas o las normales.
Hoy en día ya no es así. Hoy en día te pides unas patatas, el camarero se gira hacía ellas y al ver la gran cantidad de variantes que hay, da media vuelta y (mientras mantiene la mano alzada hacia las patatas) te hace la pregunta del siglo: ¿De cuáles?
Será cobarde pienso yo, esto es como cuando vivía con mi madre y llegaba la hora de cenar. Yo me escondía en el lavabo para no tener que contestar la pregunta fatal: ¿Qué hago hoy para cenar? Son preguntas que uno no quiere tener que responder. Ríete tú del ¿De dónde vengo? o ¿A dónde voy?
El caso es que el cobarde del camarero te ha pasado el marrón. Algo hay que contestarle para no quedar como un burro. Así que tú haces lo que hacías de pequeñito y contestas:
- ¿Cuáles? Pues de las onduladas.
Y aquí ya la has cagado. El tío te mira con cara de menudo carcamal y te suelta algo así como:
- ¿Onduladas? ¡¡Ah!! ¡¡RUFFLES!!
¿Qué coño significa ruffles? A mi ruffles me suena a despectivo. Ese tío es un poco ruffles. Pues no, resulta que ruffles ahora son patatas onduladas; pero bueno, tú piensas hay que adaptarse a los nuevos tiempos, no se puede luchar contra el viento (o algo así) y dices:
- Sí, sí… en que estaría pensando yo… QUIERO UNAS RUFFLES.
Y el camarero, que está cabroncete, te suelta:
- Vale, pero ¿DE CUÁLES?
Otra vez la puta preguntita, y es que resulta que ahora las patatas ya no solo saben a patatas. Ahora a saben a otras cosas: jamón jamón, york’eso,… Pero bueno, ¿esto qué es? Yo quería unas patatas… ¿y ahora tengo que decidir de qué me apetece tomarme unas tapitas?
Total que al final le dices que nada de ruffles, que te dé unas patatas de las normales. Y otra vez:
- Vale, pero ¿DE CUÁLES?
Y es que ya no hay patatas normales. Ahora son al punto de sal, las artesanas, con un toque de orégano… ¿¡Pero que coño les han hecho a las patatas de bolsa!? Con lo fácil que era antes… amarillas o rojas. Onduladas o normales. Total que al final optas por pedirte un marlboro y darle al vicio. Y es que no me extraña.
Eso sí, te lo pides con miedo, porque sabes que hay tabaco light, mentolado… y como el camarero está cabroncete ¡A ver por dónde te sale!
Capítulo a parte merecen los cheetos. Sí, sí. Cheetos. Antes estaban los ganchitos. Así de fácil g-a-n-ch-i-t-o-s. Tú ya sabías lo que te pedías: algo naranja, que te dejaría las manos pringadas, y (lo más importante) con forma de gancho. ¿Alguien puede decirme, por favor, que puta cosa tiene forma de cheeto? Y con los cheetos pasa lo mismo que con las patatas. Ni se te ocurra pedirte unos cheetos porque el camarero te contestará lo de siempre:
- Vale, pero ¿DE CUÁLES?
Otra cosa, ¿Qué diablos pinta el tigre ese en la bolsa de los cheetos? ¿Quién es? ¿El enchufado del primo pequeño del tigre de los kellogs? Porque con esas gafas de sol parece el rebelde de la familia. Todos comiendo cereales por la mañana y él no. Él cheetos. Que hay que tener valor para tomarse unos cheetos como desayuno. Y más si les pones leche.
A las patatas les ponen sabores (jamón, queso,…) pero con los cheetos se les ha ido la olla del todo. ¡¡Sí hasta hay unos que son los fantasmitos!!
A mí me dice mi hijo que quiere comerse una bolsa de fantasmas y lo
primero que hago es llevarle al psiquiatra.
- ¿Qué le ocurre a su niño?
- ¡¡Pues que quiere comer fantasmas!!
Y después de explicárselo al doctor me daría cuenta de lo absurdo que
es llevar al chaval ahí, así que de inmediato lo sacaría de la
consulta para llevarle a un exorcista; porque esto un psiquiatra no lo cura.
¡¡Ah!! Y además le prohibiría de inmediato ver la serie esa de las 'embrujadas', no vaya a creerse que es un luz blanca e intente orbitar, que por cierto, yo cuando veo alguno de los personajes de la serie orbitando no puedo dejar de imaginarme el anuncio de un detergente. Y es que esas bolitas en plan azul clarito le invitan a uno a pensar que más que orbitando el tío lo que hace es lavarse y luego centrifugarse.
Conste que yo la serie no la veo ¿eh? Lo que pasa es que cuando visito a mi madre los domingos me siento con mi hermana pequeña y como ella sí que la sigue pues eso… bueno, bueno… pero que no quiero yo hablar de series de televisión… por favor, no me distraigas.
Ya para acabar, un pequeño apunte. ¿Dónde está el señor Matutano? Ese tío era entrañable y ahora, en lugar de don Matutano, tenemos el señor Lays. ¿Alguien ha visto al señor Lays alguna vez? ¿Cómo es? ¿También sonríe siempre?
Yo creo que con el abuelote de las artesanas han pretendido recuperar alguien con el carisma de don Matutano. Pero claro, no les ha funcionado. Y es que yo ya me lo imagino: si le viene el Ferran Adrià ese al señor Matutano, con el rollo del toque de orégano, lo más probable es que don Matutano le contestara:
- Vale, ¿pero cuales? ¿las rojas o las amarillas?
Pd: Quiero agradecerle a mi amigo Guti sus ideas y aportaciones sobre este tema que tanto nos preocupa a todos.
Cervecerix — 11-12-2005 23:20:34
la innombrable — 12-12-2005 00:13:16
Guti — 12-12-2005 09:05:37
maykix — 12-12-2005 10:05:01
Crivi — 12-12-2005 11:52:43
peppermint — 12-12-2005 12:16:49
Vandit — 12-12-2005 12:28:23
ridgarou — 12-12-2005 20:20:11
Cervecerix — 13-12-2005 18:26:18
ulldelcapix — 14-12-2005 11:58:16
Cervecerix — 14-12-2005 12:17:04
Jana — 19-12-2005 19:14:19
Cervecerix — 19-12-2005 20:56:30