La alegría y el buen humor que muestran los pasajeros del metro (yo incluido) siempre me han llamado la atención. No puedo evitar fijarme en ello cada vez que me subo a este subterráneo transporte.
Y así estaba yo. Sentado en un vagón del metro, destino a Horta y observando a los humanos que compartían conmigo dicho vagón.
Todo el mundo mirando al suelo ¿Al suelo? Quizá no están mirando al suelo. Quizá están mirándose los zapatos. Voy a mirarme un rato yo también los zapatos.
Al poco era uno más, otro humano que se mira los zapatos mientras va en metro. Y al poco me aburrí de observar mi calzado y volví a levantar la cabeza. Justo en ese momento llegamos a una de las paradas del trayecto y observé atentamente el comportamiento del particular rebaño en el que me encontraba.
Aquellos pasajeros que se encontraban de pie apoyados en las puertas que quedaban al lado del andén se apartaron de las mismas poco antes de que se abrieran. Por el contrario, los humanos que se apoyaban en las puertas del otro lado del vagón y que daban a la vía, permanecieron quietos y tranquilamente apoyados en ellas.
¿Cómo funcionará esto de las puertas? ¿Quién decide qué puertas se deben abrir y cuáles deben permanecer cerradas? ¿Es automático y está programado o hay un humano que en función de la parada abre las de un lado o las de otro? Seguramente que debe ser el conductor, debe tener tres botones: uno para abrir el lado derecho, otro para el lado izquierdo y otro para abrir ambos.
La gente entró en el metro y los que no llevaban libro o periódico alguno que leer iniciaron el ritual de la observación del propio calzado. Yo seguí sumergiéndome en mis inútiles divagaciones.
He aquí un trabajo que yo no podría hacer: abrir las puertas del metro. De bien seguro que no. Porque con lo despistado que soy el día menos pensado abro las del lado que no toca. Y como la gente da por supuesto que esas puertas no se van abrir y permanecen tranquila y felizmente apoyados en ellas, al abrirlas yo con mi despiste, caerían de inmediato todos a la vía y dada la buena relación que tengo con la diosa Fortuna, de bien seguro que poco después llegaría el otro tren, creando así una auténtica masacre atropellando, matando y mutilando a los pobres pasajeros que, por un despiste mío, han caído en la vía del metro.
Entonces una voz me sacó de mis pensamientos: ¿Oiga? Que hemos llegado al final del trayecto. Levanté la cabeza y ya estábamos en Horta, última parada de la línea azul y destino de mi viaje. Le di las gracias al humano que me había avisado y seguí con lo mío.
Claro y después de haber sido el causante de varias muertes y mutilaciones, por mucho que no fuera intencionado, acabaría, indudablemente, en la cárcel.. ¿Me dejarán ver los partidos del Barça cuando me encierren?
la innombrable — 05-01-2006 14:05:16
mysstika — 05-01-2006 14:46:11
Cervecerix — 05-01-2006 17:17:10
reig — 06-01-2006 12:26:08
fmop — 07-01-2006 21:10:03
Petjada — 07-01-2006 23:36:35
Cervecerix — 08-01-2006 13:09:40
Gasafondix — 09-01-2006 16:25:38