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LA TABERNA DEL ABSURDO (I)

Archivado en General • Fecha: 19-09-2006 23:50:31

(Se levanta el telón mostrando una barra de bar al fondo del escenario. Ante ella y a los lados hay cuatro mesas dos a la derecha y dos a la izquierda. En la mesa de la izquierda se encuentra sentado Eusebio de cara a las mesas de la derecha y con la mirada fija hacia la misma dirección. Aparece Evaristo entrando por la derecha y dirigiéndose a Eusebio).

Evaristo: Buenos días.

Eusebio: Buenos días don Evaristo; hermosa mañana la de hoy, ¿no le parece a usted?

Evaristo: No me toques los cojones ya de buena mañana y deja de tratarme de usté y de ponerme dones endelante del nombre, que bastante se lucieron ya mis padres con él.

Eusebio: ¿Sus progenitores? ¿Es que, acaso y por en de ventura, no se siente usted plenamente satisfecho con su nombre, don Evaristo?

Evaristo: Lo mío no es un nombre; es una maldición. Y como me lo donees otra vez te cruzo la cara, que hoy no estoy para tus locuras.

Eusebio: ¿Locuras? ¿Es que tener un sueño es estar loco?

Evaristo: Lo tuyo no es un sueño: es una sonadura. ¿Quién, en su sano juicio, quiere ser Don Quijote? Es que ni en eso eres normal, ¿Por qué coño no escogiste a Napoleón como hacen los zumbaos decentes? No, ni eso. Don Quijote; ya me dirás si eso tiene algo de normal, es que no lo tiene ni dentro de su propia locura. Que lo sé yo Eusebio; que a mi la vida me lo ha enseñao to.

Eusebio (Alzando los brazos y la mirada al cielo): ¡Ah! ¡El caballero de la triste figura! ¡Qué hombre Evaristo! ¡Qué hombre! Pero, mi querido Evaristo, ¿cómo llegaré a ser algún día un Don Quijote auténtico si ni tan siquiera he encontrado a mi Sancho Panza? ¿Dónde ha visto usted un Don Quijote sin su Sancho Panza, Don Evaristo? ¿Dónde lo ha visto usted?

Evaristo: Estás loco, loco de atar. ¿Sabes lo que te pasa a ti? Pues no me lo preguntes que ya te lo digo yo: poco trabajo, Evaristo, tienes poco trabajo y demasiao tiempo pa de pensar. Como todos los gandules de este país; que se pasan to el día en el bar, que lo sé yo que llego cuando abren y me voy en cuanto cierran ¿Y sabes cuando lo veo vacío? Pues no contestes que yo te respondo: ¡Nunca Eusebio! ¡Nunca! Este es un país de gandules, (y de calaveras también), ¡si lo sabré yo! Y luego dicen que hay crisis, que si el euro, que si no llegan pal final del mes, que si las hipotecas, que si… ¡Los cojones crisis Eusebio! ¡Los cojones! El día que vea el bar vacío me lo creeré yo que hay crisis. Triste país el nuestro, endedonde solo hay dos tipos de personas: los gandules y los que se quejan de todo, ya sea bueno o malo. ¡Si lo sabré yo!

Eusebio: Se deja usted, si me permite decírselo, a los héroes sin nombre que trabajan bajo el manto del anonimato y que luchan por unos ideales…

Evaristo: ¡¡No empecemos con las Quijotadas Eusebio!! ¡¡Que yo te camelo!!

Eusebio: ¡Ay! ¡Qué más quisiera yo que lo mío fueran Quijotadas! Pero no tengo Sancho Panza, Don Eusebio, soy una moneda de una sola cara, triste de mí. Y es ardua y dura mi búsqueda e incluso, algunas veces, llego a pensar que mi Sancho juega al orí conmigo y que nunca le encontraré, mas no desisto, no habrá Dulcinea para un Quijote sin Sancho Panza, ¿y dónde ha visto usted un Don Quijote sin su Dulcinea, Don Evaristo? ¿Dónde lo ha visto usted?

Evaristo: Tú mal vas, chaval.

Eusebio: Y peor que acabaré si no encuentro a mi Sancho.

Evaristo: Y dale con el Sancho de los cojones… (Haciendo ademán de sentarse al lado de Eusebio) Anda, échate a un lao pa que me sienta a tomar el caraja de las ocho contigo.

Eusebio: Señor mío, siéntese usted en frente; nada de hacerlo a mi lado.

Evaristo: Mira Eusebio, estás jugando con mis joyas de la corona, que no estoy pa cachondeitos, hace siete años que vengo a este bar y sabes de sobras que yo siempre me siento de cara a la puerta para ver quien entra y quien deja de entrar. Échate a un lao, joder.

Eusebio: Jamás de los jamases; yo he llegado primero y yo me quedo de cara a la puerta. ¿Y si el próximo que entrara fuera mi Sancho Panza? No, no, yo me quedo aquí; siéntese usted, por una vez, de espaldas a la puerta que yo ya le aviso de quien entra y de quien se va.

Evaristo: ¿Y por qué cojones no puedo sentarme a tu lao, coño?

Eusebio: Porque es de gays. ¿Y dónde ha visto usted, querido Evaristo, a un Don Quijote gay y sin Sancho Panza y sin Dulcinea? ¿Dónde lo ha visto usted?

Evaristo: ¡¡Y sin capa ni espada chiflado de los cojones!!

Eusebio: A poco que hubiera leído usted, sabría que Don Quijote no lleva ni capa ni espada, sino lanza y armadura; quienes lucen la mencionada capa junto a la citada espada, son los reyes.

Evaristo: Pues no me imagino yo a Juan Carlos con capa y espada a lomos de un caballo guiando al ejército español hacia la guerra al grito de ¡¡A la ataque llenos de orgullo y profunda satisfacción!!

Eusebio: Tenga usted mucho cuidado con lo que dice del rey, que aun sin Sancho Panza ni Dulcinea alguna, algo queda en mi de caballeresco y no toleraré falta alguna a la realeza.

(Entra por la derecha Francisco y se dirige hacia ellos)

Francisco: Buenos días por la mañana temprano.

Evaristo: Buenas Paquito.

Eusebio: Muy buenos días Don Francisco.

Francisco: ¿Verdad que no os importa que os acompañe? ¿De qué estáis hablando? Contadme, contadme, que piensan más tres cabezas que dos; que lo que a una se le pasa a la otra se le ocurre; y que ya hace mucho tiempo que nos conocemos y de sobras sabéis que amigos, oros y vinos, cuanto más viejos, más finos. Contadme, venga, contadme.

Evaristo: Nada nuevo, lo de siempre Paquito, lo de siempre. Eusebio y sus chaladuras; ahora resulta que uno no puede sentarse a su lado.

Eusebio: No señor, yo no dicho eso: yo he dicho que dos hombres, si están solos en un bar deben sentarse uno al frente del otro.

Francisco: ¿Y eso por qué?

Evaristo: Porque si no es de maricones.

Eusebio: Gays Evaristo, gays.

Evaristo: Lo que quieras, entonces ¿ahora que está Paquito aquí puedo ya sentarme a tu lado si el se sienta enfrente?

Eusebio: Faltaría más, sin problema alguno.

Francisco: Me siento, pues, aquí mismo, e insisto una vez más ¿de qué chaladura (quijotesca chaladura deduzco) estaban hablando?

(Viene el camarero y les sirve los cafés a cada uno sin antes haberles tan siquiera preguntado qué querían)

Evaristo (Sentándose al lado de Eusebio): Aquí el Don Quijote que sigue en busca de su Sancho Panza y está preocupado porque, cosa más rara, no le encuentra.

Francisco: A las penas puñaladas Eusebio.

Eusebio: Sin Sancho Panza no habrá Dulcinea, Don Francisco.

Evaristo: Ya es el colmo de la idiotez enamorarse de alguien a quien ni siquiera conoces.

Eusebio: Peor es lo suyo Evaristo, que sigue amando a su mujer a pesar de haberle abandonado años ha.

Francisco: Ahí lleva razón Eusebio, que amar y no ser amado es como limpiarse el culo sin haber cagado.

Evaristo: ¡Si al final va a resultar que el loco soy yo!

Francisco: Tampoco tanto, tampoco tanto. Pero es que tienes al amor idealizado, y ya va siendo hora que aceptes la realidad; que la verdad, aunque severa, es amiga verdadera.

Evaristo: ¿La verdad? ¿Qué verdad?

Francisco: Pues que no nos enamoramos de personas; sino del propio amor y, en nuestra vanidad (porque creernos merecedores de ser amados es ser también vanidosos), nos mentimos a nosotros mismos. "Le quiero" pensamos, y la realidad es otra muy distinta: "Me gusta quererle". Es al sentimiento al que queremos; no a la persona; esta es tan solo un instrumento para un fin: nosotros mismos. El amor, al igual que la guerra, tan solo se sirve a sí mismo; y prueba de ello es que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana.

(Entra David en el bar, barrigudo y con cara de bonachón se dirige hacia la barra para pedir. Eusebio, al verle, se levanta súbitamente).

Evaristo: ¿Eusebio? ¿Qué te pasa ahora tío?

Eusebio: ¡No puede ser! ¡No puede ser!

(Cae el telón).

Escrito por Cervecerix
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